Constantin Brancusi, conoce a este famoso escultor

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La escultura es un arte que, por desgracia, parece pasar algo más desapercibido que otros más “comerciales” como el cine, la música o incluso la literatura. Y es que hoy en día podemos nombrar a numerosos músicos y cantantes, y también a directores y actores, pero apenas tenemos en nuestra cabeza nombres de escultores, no ya actuales, sino nacidos en los últimos doscientos años. Claro que todos conocemos a los clásicos escultores y artistas del Renacimiento, cuyas obras, con casi 500 años, siguen siendo hoy una obsesión para muchos. Pero la escultura es un arte que ha seguido evolucionando, como todos los demás, y también podemos encontrar actualmente grandes nombres dentro de este sector. Uno de los últimos grandes escultores reconocidos en todo el mundo fue el rumano Constantin Brancusi, pionero del arte moderno en esta disciplina.

La vida de Brancusi es sin lugar a dudas fascinante, porque llegó a ser uno de los escultores más reconocidos del planeta apareciendo desde la más absoluta clase humilde, sin apenas estudios hasta una edad avanzada. El talento que demostró desde una edad muy temprana le sirvió para llamar la atención de algunos entendidos en arte, y encauzar su vida hacia esta materia, llegando a convertirse en uno de los mejores artistas de principios de siglo, y en uno de los más influyentes dentro del imaginario del arte moderno. Nosotros queremos ahondar un poco más en los detalles de la trayectoria de Brancusi en este artículo, para darle a conocer como se merece.

Primeros años

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Nacido en 1876 en la pequeña ciudad de Pestisani Gorj, en el seno de una humilde familia campesina, Brancusi comenzó a ayudar a la familia desde muy pequeño, trabajando como pastor ya con seis años. No recibió una educación reglada, pero aprendió a leer y a escribir por su propia cuenta. Posteriormente, también empezó a trabajar en una tienda, mientras en sus ratos libres se divertía con tallas de madera, algo muy típico en Rumanía. Aquellas tallas llamaron la atención de un hombre rico de la zona, que decidió pagarle sus estudios, primero en la Escuela de Artes y Oficios de Craiova, y posteriormente en la Escuela Nacional de Bellas Artes de Bucarest. Cuando terminó de estudiar, Brancusi ya destacaba entre sus compañeros, y se marchó a Francia para perfeccionar su arte.

Obras de Constantin Brancusi

Brancusi se centró principalmente en la fotografía y en la escultura, aunque es cierto que era un apasionado también de la música y otras muchas artes. Su producción fotográfica es ingente, pero son sus esculturas las que le han dado un mayor reconocimiento. Entre ellas podemos encontrar algunas de las más caras de la historia, como la serie Pájaros en el Espacio, o La Gallina, así como El Espíritu de Buda o La Columna del Infinito. Esta última pertenece a un espectacular conjunto escultural de Targu-Jiu, en su Rumanía natal, donde además representa también las otras partes de la vida del ser humano con La Mesa del Silencio y la Puerta del Beso. Para muchos, este conjunto es su obra cumbre, y la que más fama le ha otorgado como escultor en las últimas décadas, ya después de su fallecimiento.

El beso, de Constantin Brancusi

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En 1907, ya en París, Brancusi concibe una de sus obras más notables y populares, una escultura llamada El Beso, que ya apuntaría a lo que sería su obra posterior, especialmente identificable por su estilo vasto, despojado de detalles, y con una semejanza bastante importante con el arte prehistórico y africano. El Beso nos presenta, en un solo bloque casi cuadrado, dos figuras prácticamente simétricas, las de un hombre y una mujer que se funden en un apasionado beso. El estilo poderoso de Brancusi ya se deja notar en esta escultura, una de las primeras con las que llamó la atención de los expertos por su obra. El Beso se puede ver también como una obra protovanguardista, a través de la cual el artista rechazaba el realismo imperante en la época, apostando por la abstracción que marcaría el arte en las siguientes décadas.

Características de su obra

Alejado del realismo, Brancusi solía concebir sus obras como un todo en el que lo importante era el mensaje, más allá de la forma del mismo. Junto con otros artistas de la época, Brancusi fue uno de los primeros en utilizar un estilo vanguardista, casi abstracto para sus obras, lo que le hizo ser considerado por muchos como uno de los pioneros en el arte moderno, especialmente en la escultura, ya que en su momento no había tantos artistas que se atrevieran a crear obras como las de Brancusi. Su estilo tiene poco que ver con el de las esculturas y estatuas clásicas, y apuesta mucho más por volver a las auténticas raíces, a las sencillas, a las verdaderamente originales, las del arte prehistórico y africano.

Últimos años

La fama de Brancusi aumentó considerablemente después de la Primera Guerra Mundial, cuando los movimientos vanguardistas empezaron a ganar terreno en la Europa devastada por la Guerra. El conjunto de Targu-Jiu, creado a finales de los años 30, supuso uno de sus cenits como escultor. Ya en los años 50, Brancusi adquirió por fin la nacionalidad francesa, y presentó en 1955 una retrospectiva de su obra en el eminente museo Guggenheim de Nueva York. Moriría solo dos años más tarde, en 1957, todavía en París, pero su legado sería inmenso. En las últimas décadas, algunas de sus esculturas se han subastado alcanzando precios desorbitados, por encima de los 20 millones de euros en algunos casos, convirtiendo a Brancusi en el escultor mejor valorado del último siglo. Su escultura La Muse Endormie, de 1913, fue subastada hace tan solo unos años en Nueva York, alcanzado el precio de 51,8 millones de dólares.

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